Posición del Movimiento Solidario Vida Digna frente a la situación política nacional

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Desde Vida Digna compartimos algunas reflexiones sobre los resultados electorales de la primera vuelta y lo que se avecina, el papel del progresismo desde octubre 2019 hasta hoy, una evaluación crítica a los movimientos y organizaciones con vocación transformadora y también las tareas que creemos son fundamentales para fortalecer nuestros procesos de lucha y el movimiento popular, única garantía de una vida mejor.

Los resultados electorales y el rol del progresismo

La contundente victoria electoral de la derecha, pese a su división en cuatro candidaturas, es una nueva expresión -y no el inicio- de un periodo de retroceso del movimiento popular respecto de ciertos avances alcanzados durante el ciclo de luchas 2006-2019, cuya contracara es la profundización de las políticas neoliberales, ahora reimpulsadas durante el actual gobierno de Boric, como fue profundizar el sistema de AFP -luego de anunciar su fin-; profundizar el control financiero en la producción de vivienda con recursos públicos -luego de anunciar más capacidades estatales y un freno a la especulación inmobiliaria-; extender el negocio de los herederos del dictador con la explotación del litio, renunciando a la creación de la empresa pública para esos fines; renunciar a la condonación del CAE en reemplazo de un nuevo modelo de financiamiento que busca resguardar el equilibrio fiscal, pero sobre todo el bienestar de los bancos; además de velar por el negocio en la salud con un perdonazo a las Isapres, y así un largo etcétera.

Pero todo este camino de profundización neoliberal, luego de tomar prestadas las banderas que buscaban superar el agotado modelo de acumulación, tiene una dimensión que nos parece importante destacar, y que es tal vez el mayor daño del progresismo al movimiento popular, como también lo fue la concertación durante el retorno a la democracia: su rol desmovilizador. Porque una cosa es no tener mayoría parlamentaria para lograr cambios puntuales -excusa repetida por décadas-, pero otra muy distinta es acotar el espacio de disputa a quienes ejercen roles de representación popular, sea en el gobierno o en el Congreso, y mandar al resto para la casa, tal como ocurrió en el actual gobierno.

Este rol ya había sido jugado durante noviembre de 2019, canalizando institucionalmente el conflicto social. Ambos momentos reflejan con claridad que suplantar el protagonismo popular, cuando éste toma vuelo, es la condición histórica para que el progresismo pueda gobernar, de lo contrario, quienes realmente concentran el poder, como son los empresarios, no le darían espacio al Frente Amplio. Todo esto, sólo deja a la población en una peor condición para defender sus intereses, y allana el camino al fascismo, lejos de contenerlo, cuyo surgimiento hoy se cimienta sobre el miedo que las clases dominantes tienen ante el auge de la clase trabajadora.

Por todos estos elementos, creemos necesario posicionarnos críticamente frente al progresismo y no caer en su defensa ni ser el vagón de cola de su camino que ya pavimentó derrotas y retrocesos históricos, abriendo así también el camino a las ideas autoritarias y conservadoras, propias de las clases dominantes, pero que el progresismo decidió asumir como propias durante estos cuatro años de gobierno, criminalizando a sectores sociales que hace solo unos años lo llevaron a La Moneda -como ocurre con la política de desalojos masivos sin solución-.

Asimismo, el progresismo fortaleció las fuerzas armadas y policías como ningún otro gobierno lo ha hecho, con más facultades y recursos, suponiendo que así se combate el crimen organizado y la crisis de seguridad, cuando en realidad su giro en esa dirección solo pavimentó un cambio en el foco que la propia población había puesto sobre las necesidades materiales, asociadas al aumento del costo de la vida, efecto del agotamiento del modelo.

En este sentido, desde Vida Digna entendemos que los últimos resultados electorales son el voto de castigo de un pueblo al que le prometieron mucho, pero que no solo quedó en nada, sino que en el camino le pidieron irse a la casa a esperar una nueva Constitución y después por nuevas leyes. Y cómo esa estrategia volvió a fracasar,  el impulso impugnador se dio vuelta sobre el propio progresismo, quien pasó a ocupar el papel de guardián del modelo.

Los hechos históricos recientes demuestran algo que no se debe perder de vista (por más miedo que genere un gobierno de Kast), que el progresismo y la ultra-derecha no representan dos proyectos de sociedad opuestos, sino más bien dos versiones distintas de cómo administrar la herencia neoliberal de la dictadura, uno con rostro humano y el otro con mano dura. Pero ninguno tiene una salida a la crisis

El movimiento popular

En primer lugar, creemos necesario hacer un llamado de atención sobre la debilidad de las organizaciones con vocación transformadora, y al menos relevar algunos aspectos sobre los que creemos se debe trabajar de forma urgente.

Una causa común de la baja capacidad de incidir políticamente en la realidad, en sentido amplio, es la debilidad ideológica de quienes componemos los movimientos y organizaciones populares, lo cual acarrea efectos nocivos en distintas materias, como es una débil cultura militante, falta de herramientas para hacer lecturas contextualizadas de la realidad, dificultando aún más el diseño e implementación de planes de lucha y su desarrollo en el tiempo. Sin avanzar en estas materias, no tiene mucho sentido hoy poner el foco en la unidad entre las organizaciones que luchan, porque no habrá condiciones para sostenerla. 

Con esto no estamos diciendo que no hay que unirse, sino que la unidad debe atender objetivos concretos, responder al ritmo de los procesos de recomposición, y no a la voracidad de los dirigentes de querer hacer crecer en número un determinado espacio, y menos aún levantar instancias de “unidad” únicamente en periodos electorales, de forma reactiva y a veces meramente instrumentalizadora. Este camino ya lo conocemos en la historia reciente y solo produce menos participación popular y desarticulación social, por lo que aún cuando prime la desesperación, no sirve como atajo a ningún lado.

Y entonces, ¿qué hacer?

Visto el momento que vive el país, desde el campo de los movimientos populares nuestra atención debe estar puesta no solo en recomponernos en base a desafíos que no son los mismos que hace diez años atrás, sino también en asumir un rol mucho más activo en fortalecer los espacios donde convive la población -y fomentar que estos se amplíen-, como son las juntas de vecinos, organizaciones deportivas, comités de vivienda, centros de estudiantes, sindicatos, entre muchas otras expresiones.

Esto que puede parecer mantra repetido, hoy tiene otras connotaciones, porque serán estos espacios los que el fascismo buscará copar para crear esa base social con la que soñaba tanto Jaime Guzmán, donde los mismos sectores populares sean los precursores del desarme político de cualquier intento de transformación social, bajo las consignas de orden y seguridad. Esto representaría una derrota aún más profunda para quienes soñamos un mundo nuevo, porque el desafío actual no se trata solo de defender algunos avances sociales, sino de construir la fuerza social necesaria para alcanzar una vida digna. Para esto, se hace fundamental pensar la batalla ideológica como una tarea fundamental del momento político, junto al rearme de las organizaciones de base con autonomía de clase.

Nuestro llamado es a salir del inmovilismo, profundizar la presencia en todo espacio social, a unirse a los movimientos populares que ya existen, disputar de todas las formas posibles las ideas conservadoras, no soltar la calle ni la organización social y hacer el llamado urgente a recuperar una cultura militante activa y que refleja lo que somos como pueblo. Lo que necesitamos en este momento son personas que militen en proyectos colectivos con perspectivas revolucionarias y, en ese sentido, que superemos los activismos y construcciones asistenciales sin perspectiva transformadora de largo plazo

Es preciso desarrollar militancias populares comprometidas, constantes, disciplinadas y con una ética del cuidado colectivo, por ello, llamamos a quienes quieran transformar este orden injusto a que se unan a luchar por vida digna.

¡Con la fuerza de los territorios construimos comunidades organizadas para la vida digna!

¡Organizarse es comenzar a vencer!

¡Arriba los y las que luchan!

Movimiento Solidario Vida Digna